11/8/10

2. Aquellos días..

...Pero sinceramente al día lo más común es trazar 1 o 2 rayitas de conteo.

Llevo semanas, meses y años de mi vida mortificándome con un tradicional “¿Por qué yo?” y ese porqué siempre fue el que ningún psicólogo o psíquico encuentra en tus entrañas buscando con palabras. Recuerdo mis años inolvidables de la preparatoria-debo decir una muy humilde-, donde en mi caso tenía que permanecer hasta las 5 de la tarde, socorriendo a mi vieja profesora de contabilidad a reunir todas las prácticas de aquel día. Persistía sentado en un escritorio manchando las yemas de mis dedos con esa tormentosa tinta verde que la arcaica señora usaba para escribir mil observaciones de una miserable media hoja. Mientras yo me tumbaba haciendo semejante actividad mis amigos estaban en una clase de apreciación musical, lo cual yo consideraba terriblemente molesto e innecesario, pues verán en Jacksonville aún siendo la ciudad de Estados Unidos con mayor superficie, en el barrio-siempre tuve apetitos de denominarlo así quiero decir, nunca fue un barrio donde encuentras maleantes y vagabundos en tu baño al despertar, únicamente éramos aburridos-era un porciento del cien que alguien llegara a triunfar o de perdida conseguir un seguidor por tocar un instrumento o cantar. Sinceramente no había gran saturación de individuos con esos intereses ahora imaginen si yo me dedicara a componer o “apreciar música”. Así bien, mis amigos y yo al terminar nuestros divertidos pasatiempos, había días en los que nos invitaban a alguna fiesta o reunión en una casa cerca. Nunca olvidaré el primer día que decidí acompañarlos, recuerdo muy bien que estábamos a mediados de abril y las lluvias en ése entonces eran raras; pues creo que la naturaleza quería refrescarse un poco por el tremendo aguacero que cayó ese día. Llegamos y la fiesta ya estaba un poco en ambiente, yo veía a uno de mis amores imposibles bailar en la pista junto a un célebre de la escuela. No, no me refiero al clásico jugador de fútbol americano o soccer, es más, ni siquiera recuerdo que existiera un equipo en mi preparatoria; él era más que eso: perspicaz, inteligente, listo, y no tenía lentes del tamaño de sus manos, ni un cabello con litros de fijador con un tono rojizo; él era guapo y preparado, me pregunto ¿qué más querría una mujer? y más una mujer como Amanda. Escuchaba su nombre y sentía erizar mis brazos y sentidos. Con un cabello ondulado y castaño claro que rodeaba la mitad de su cuello y siempre con un broche de ésos que vendían en la tienda de cachivaches de la cual una de sus tías tenía una franquicia cerca de mi casa. Siempre quise llevarle un broche nuevo, pero ella conseguía todos por adelantado. Y ella, bailando con alguien que por obviedad no era yo, y una canción que últimamente todos cantaban: “Sweet Home Alabama”. Yo me imaginaba que era sólo porque Ronnie, el cantante de Lynyrd Skynyrd había nacido ahí en Jacksonville, pero bien ésa canción nunca fue de mi agrado. Pasaron 5 segundos después de haber pensado todo eso cuando caí en la realidad de que tenía que anotar las canciones que había escuchado, y para terminar por llorar habían pasado 10 minutos de estar parado viendo bailar a Amanda y a ése chico. Lo primero que hice fue moverme rápido con Andrew y gritando como viejecilla con un roedor en su falda -¡Dime que no han pasado más de 3 canciones!- -Ben, por dios, no estoy poniendo atención no ves que…espera…¡¿Qué dices Dan?! Oh, espera Ben ahora regreso- ...

1 comentario:

Cualquier yo dijo...

q frustracioooon noooooooooooooo
jajaja pobresillo chikoo
eii q interesanteee mijaaaa
juju
mezclas( se me olvidfo si mesclas es con S o con Z jajaja) a alguien normaaaal con algo muy raro es algo geniaaal
weeee
jajajaja siguele mi niñaaa
te amoooo